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Desde Israel

VIDEO | Sapir Shalev contó cómo el modelaje la acercó a la actuación y marcó su visión sobre la imagen y los valores

La instructora de Pilates, estudiante de Educación Física y actriz israelí repasó su recorrido entre el modelaje, la actuación y el trabajo social, y compartió las experiencias que moldearon su mirada sobre la vida, el arte y los valores.

A los 34 años, Sapir Shalev construye una trayectoria que combina el deporte, el arte, la educación y el trabajo social. Instructora de Pilates, estudiante de Educación Física, actriz ocasional y emodelo, la israelí repasó sus experiencias profesionales, habló de los aprendizajes que le dejó la industria del entretenimiento y compartió sus proyectos, inspiraciones y reflexiones sobre la vida.

VIDEO | Sapir Shalev contó cómo el modelaje la acercó a la actuación y marcó su visión sobre la imagen y los valores
Durante la entrevista, Sapir Shalev habló sobre sus valores, sus proyectos y sus aspiraciones personales.

— Para comenzar, contanos quién sos y a qué te dedicás actualmente

— Mi nombre es Sapir Shalev, tengo 34 años y soy de Israel.

Me desempeño como instructora de Pilates y actualmente estoy cursando la carrera de Educación Física. A lo largo de mi trayectoria también he trabajado como instructora y acompañante de personas dentro del espectro autista, una experiencia que me ha enseñado muchísimo tanto a nivel profesional como humano.

Además, de forma ocasional, me dedico a la actuación y al modelaje, dos ámbitos que disfruto porque me permiten explorar distintas formas de expresión y creatividad.

Mi perfil público en redes sociales es @la_barbie_sapir.

Para esta nota, me gustaría ser mencionada simplemente como Sapir Shalev.

— ¿Cómo fue tu inicio en lo que te dedicás? ¿Qué es lo que más te gusta de la profesión?

— Depende del ámbito al que nos refiramos. Si hablamos del mundo del entretenimiento, mi camino comenzó durante la adolescencia a través del modelaje.

Al principio no lo hice por vocación artística, sino porque buscaba sentirme mejor conmigo misma. Era una chica bastante tímida, usaba anteojos, era una de las “nerds” de la clase y, sinceramente, no siempre me sentía cómoda con mi apariencia. Recuerdo que cuando iba a trabajos de modelaje y reemplazaba los anteojos por lentes de contacto, muchas personas ni siquiera me reconocían. De repente, me hablaban quienes antes jamás se habían acercado a mí.

Esa experiencia me enseñó mucho sobre la sociedad, los intereses, las apariencias y la diferencia entre la belleza exterior y la interior. También me ayudó a descubrir quién era realmente, qué valores quería sostener y qué tipo de persona no quería llegar a ser.

El modelaje me permitió ganar independencia económica desde muy joven. Siempre trabajé en empleos convencionales de manera paralela, pero gracias al modelaje podía ganar en unas pocas horas lo que en otros trabajos requería varios días. Sin embargo, nunca fue una actividad que amara por completo. Hubo muchas propuestas que rechacé por cuestiones de principios y convicciones personales.

Disfrutaba mucho más las sesiones fotográficas que las pasarelas. Nunca me sentí especialmente cómoda con la competencia ni con ciertos aspectos del ambiente. Con el tiempo fui alejándome de ese tipo de experiencias.

Paradójicamente, el modelaje terminó abriéndome las puertas de la actuación. En Israel, la industria audiovisual es relativamente pequeña y muchas oportunidades llegaron gracias a contactos y experiencias que surgieron a partir de ese recorrido. La actuación siempre fue el sueño; el modelaje, en cierta forma, fue el puente que me permitió acercarme a él.

Lo que más me gusta de las profesiones vinculadas al arte es la posibilidad de contar historias, transmitir emociones y conectar con personas de diferentes lugares y realidades. Creo que el arte tiene la capacidad de generar preguntas, crear puentes y permitirnos mirar el mundo desde perspectivas nuevas. Eso sigue siendo, hasta hoy, lo que más me inspira.

— ¿Cuáles fueron tus experiencias profesionales más destacadas?

— El mundo del modelaje es curioso. Desde afuera suele verse glamoroso, brillante y perfecto. Desde adentro, a veces puede ser muy hermoso, pero también muy duro y profundamente triste.

Tengo muchísimas experiencias, buenas y malas. Curiosamente, la mente suele recordar primero las negativas. Supongo que la psicología tiene razón cuando explica que nuestro cerebro está programado para detectar amenazas antes que alegrías; probablemente fue una estrategia útil para sobrevivir en las cavernas, aunque no siempre para disfrutar de la vida.

Después de mi servicio militar, durante bastante tiempo me alejé del modelaje. Había servido como administradora de redes informáticas en una unidad de inteligencia y estaba enfocada en otras experiencias: trabajaba, hacía voluntariado con niños, colaboraba con personas mayores y estudiaba actuación. Sentía la necesidad de explorar más mi mundo interior que mi apariencia exterior.

Un día, mientras viajaba en autobús, un agente de modelos se acercó a hablar conmigo y me dio su tarjeta. Intercambiamos algunos mensajes, pero durante mucho tiempo no le presté demasiada atención. Recién más adelante, atravesando un momento personal complejo, decidí probar suerte.

Recuerdo perfectamente aquella primera reunión en la agencia. Había muchas chicas y se hablaba de gastos, fotografías, catálogos y pagos que debían realizar las aspirantes. Yo cuestioné todo aquello. Pensaba que, si una agencia veía potencial en una persona, debía apostar por ella en lugar de pedirle dinero. Estuve a punto de levantarme e irme. Finalmente me quedé, pero dejé muy claras mis opiniones.

Lo curioso es que terminé trabajando con esa agencia sin gastar un solo centavo. Ni siquiera tenía fotografías actualizadas ni el aspecto con el que me conocían entonces. El agente quedó sorprendido por mi sinceridad y, con el tiempo, desarrollamos una relación de respeto y amistad profesional.

A lo largo de los años aprendí que muchas veces las oportunidades aparecen donde menos las esperamos. Llegué a castings sin sentir que estaba compitiendo con nadie. Recuerdo uno para vestidos de novia al que asistí con zapatillas deportivas, un jean enorme y un buzo ancho, mientras todas las demás modelos parecían haber salido de una revista de moda. No me sentía parte de esa competencia. Pensaba que cada persona tiene algo único para ofrecer.

Paradójicamente, terminé destacándome justamente por ser diferente. Ese trabajo me abrió nuevas puertas y me enseñó una lección que sigo recordando: muchas veces, aquello que creemos que nos hace encajar es menos importante que aquello que nos hace auténticos.

Otra experiencia importante fue haber conocido, gracias a un trabajo de bajo presupuesto, a quien años después se convertiría en mi mejor amigo y posteriormente en mi pareja. Compartimos muchos años de vida, proyectos y crecimiento profesional. Trabajábamos juntos constantemente y aprendimos muchísimo el uno del otro. Finalmente, nuestros caminos tomaron direcciones distintas, pero sigo creyendo que algunas personas llegan a nuestras vidas exactamente cuando tienen que llegar.

Por supuesto, también viví situaciones difíciles. Conocí la presión estética, las comparaciones constantes y ciertas formas de crueldad que a veces existen dentro de una industria obsesionada con la imagen. Algunas experiencias me hicieron llorar; otras me hicieron crecer.

Sin embargo, incluso de los momentos más incómodos aprendí algo valioso. Comprendí que ninguna carrera, ningún trabajo y ninguna fotografía valen más que la salud mental, la dignidad o el respeto hacia uno mismo.

Por eso, si tuviera que resumir mi recorrido en una sola frase, diría que el modelaje me enseñó algo mucho más importante que posar frente a una cámara: me enseñó a poner límites, a defender mis principios y a recordar que la persona siempre vale más que la imagen.

— ¿Tenés algún referente que te haya inspirado a elegir este camino?

— Curiosamente, mis principales referentes no provienen del mundo del modelaje.

En lo que respecta a la actuación, desde muy pequeña disfrutaba leer las obras de William Shakespeare. Me fascinaban los conflictos humanos, las emociones, las contradicciones y las reflexiones que se esconden detrás de cada historia. Cuando se menciona a Shakespeare, la mayoría suele pensar inmediatamente en Romeo y Julieta o en Hamlet. Sin embargo, mi obra favorita siempre fue Otelo. Me atraía especialmente la profundidad psicológica de los personajes y la manera en que aborda temas universales como los celos, la confianza, la manipulación y la naturaleza humana.

Más allá del arte y del entretenimiento, una de las figuras que más me inspira es Albert Einstein. No solamente por sus aportes científicos, sino por su forma de pensar. Me interesa la mirada de alguien que fue capaz de cuestionar lo establecido y observar la realidad desde una perspectiva diferente. Me inspira su capacidad para imaginar posibilidades donde otros veían límites y su manera de concebir el universo como algo mucho más amplio y complejo de lo que percibimos a simple vista.

En mi tiempo libre escribo canciones y relatos cortos, y muchas veces encuentro inspiración en conceptos vinculados a la ciencia, al tiempo, a las múltiples perspectivas desde las cuales puede observarse una misma realidad y a las preguntas que todavía no tienen respuesta. En ese sentido, Einstein sigue siendo para mí una fuente de inspiración permanente.

Creo que tanto William Shakespeare como Einstein, cada uno desde un lugar completamente distinto, compartían algo en común: la capacidad de hacernos mirar el mundo de otra manera. Y eso es algo que siempre intento trasladar también a mis propios proyectos creativos.

— ¿Qué hacés en tu tiempo libre? ¿Cuáles son tus hobbies?

— La verdad es que no dispongo de demasiado tiempo libre. Actualmente trabajo en dos empleos, estudio y, además, comparto mi vida con una gata que requiere bastante dedicación. Aunque yo soy vegana y ella no, por cuestiones de salud es vegetariana y tiene varias alergias, por lo que demanda cuidados, tiempo y algunos gastos adicionales. Afortunadamente, me los devuelve con creces a través de su compañía y el cariño que me brinda cada día.

Por eso, aprendí a aprovechar los llamados “tiempos muertos”. Muchas veces escribo canciones, desarrollo ideas o edito videos durante los viajes y los trayectos cotidianos. La música ocupa un lugar muy importante en mi vida. Cuando tengo la oportunidad, disfruto especialmente tocar el piano.

En el ámbito deportivo, suelo sentirme atraída por aquellas disciplinas que no siempre elige la mayoría. Me apasiona particularmente la acrobacia aérea, aunque también disfruto de muchas otras actividades vinculadas al movimiento y al desafío físico.

Otra de mis grandes pasiones son los animales. Me encantan y, afortunadamente, suelo sentir que el afecto es mutuo. Disfruto mucho fotografiarlos, al igual que fotografiar paisajes y escenas de la naturaleza. Muchas veces encuentro esos momentos de inspiración precisamente mientras estoy en movimiento, yendo de un lugar a otro.

En cuanto a los espacios culturales, el teatro siempre ha sido uno de mis lugares favoritos. Sin embargo, también tengo una faceta bastante aventurera: me atraen las experiencias intensas, los desafíos y las actividades relacionadas con la adrenalina. Tal vez por eso me siento tan cómoda explorando mundos aparentemente opuestos: el arte y el deporte, la contemplación y la acción, la reflexión y la aventura.

— ¿Cuáles son tus planes, sueños y aspiraciones para el futuro?

— Hoy, más que nunca, sueño con la paz.

Hubo una época en la que la palabra paz me sonaba ingenua, casi como una consigna vacía o una expresión de corrección política. Con el tiempo, sin embargo, fui comprendiendo una realidad más compleja. Hoy creo que la paz interior y la paz entre las personas están profundamente conectadas. Resulta difícil construir una sin trabajar también por la otra.

No sé si llegaré a cumplir todos mis sueños. Algunos me acompañan desde hace muchos años y prácticamente no han cambiado: actuar, crear, escribir, ayudar a otras personas y seguir aprendiendo durante toda la vida.

También imagino una casa llena de gatos. Siempre he sentido una conexión especial con los animales y forman parte de la vida que deseo construir.

En los últimos años apareció además un anhelo que antes ocupaba un lugar más secundario: formar mi propia familia. Me gustaría encontrar un amor auténtico y recíproco, basado en valores, respeto, compañerismo y principios compartidos, más que en intereses materiales o superficiales. Y, si la vida así lo permite, me gustaría también tener hijos y acompañarlos en el descubrimiento del mundo.

Tengo muchos otros sueños, quizá demasiados para enumerarlos todos. Pero tal vez eso sea algo bueno. Si intentara describirlos uno por uno, probablemente no alcanzarían ni las palabras ni las páginas. Además, hay sueños que se escriben y otros que simplemente se viven.

Por eso, más allá de cualquier meta concreta, mi mayor aspiración es seguir creciendo, seguir siendo fiel a mis valores y mantener la curiosidad por la vida, por las personas y por todo aquello que todavía queda por descubrir.

— ¿Qué mensaje te gustaría dejarles a los lectores?

— Si pudiera dejar un mensaje, sería este: lean.

Lean libros, lean historias, lean ideas distintas a las propias. Leer no solo nos permite conocer el mundo; también nos permite conocernos mejor a nosotros mismos.

Vivimos en una época en la que recibimos información constantemente, pero no siempre nos detenemos a reflexionar sobre ella. Por eso creo que despertar la conciencia sigue siendo una de las tareas más importantes que tenemos como seres humanos.

También les diría que no escuchen las voces que intentan disminuirlos. Todos tenemos defectos, miedos e inseguridades, pero también tenemos algo único para aportar. Abracen quiénes son, incluso aquello que los hace diferentes.

Y, sobre todo, aprendamos a ver al otro como un ser humano antes que como una etiqueta. Más allá de las diferencias de religión, nacionalidad, origen, género o cultura, compartimos mucho más de lo que a veces creemos.

Me gustaría que la historia dedicara más espacio a quienes la mejoraron y menos a quienes la destruyeron. Personas como Martin Luther King Jr. nos recuerdan que una sola voz puede cambiar el rumbo de una sociedad cuando está guiada por la dignidad, la empatía y la justicia.

Y quizás dejaría una última reflexión.

La muerte habita en aquello que olvidamos. La vida, en cambio, permanece en todo aquello que elegimos recordar. Porque, mientras una idea, un acto de bondad o una persona sigan vivos en la memoria de alguien, de algún modo también siguen formando parte del mundo.

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Sapir Shalev recordó los desafíos que enfrentó dentro de la industria del modelaje y las enseñanzas que le dejaron.
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La instructora de Pilates Sapir Shalev destacó la importancia de mantener los principios por encima de cualquier oportunidad laboral.
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Sapir Shalev también se refirió a su pasión por la escritura, la música, el deporte y los animales.
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